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Presentada la Biblia de Navarra después de 33 años de trabajo

En 1971, la Universidad de Navarra (UN) empezó una tarea enorme que concluyó 33 años después, en 2004, gracias al trabajo de más de 20 personas: una edición en español de la Biblia, traducida directamente de los idiomas originales: hebreo, arameo y griego.


11 de febrero de 2005

Gaceta de los Negocios - Por David Álvarez

Ayer se presentó en la Asociación de la Prensa de Madrid el quinto tomo —el Nuevo Testamento—, que cierra tantos años de trabajo. El texto contiene una gran cantidad de comentarios que son una especie de recorrido por casi 2.000 años de interpretaciones. Las más de 3.000 citas de santos, autores espirituales y magisterio de la Iglesia recuerdan cómo se han leído los pasajes de la Biblia a lo largo del tiempo.

Opus Dei -

Esa especie de biografía del libro de los libros que es la llamada ‘Biblia de Navarra’ se ha completado incluso un poco más. Cada pasaje traducido va acompañado al pie de la página con el correspondiente fragmento de la Neovulgata, la versión en latín de la Biblia que la Iglesia adoptó como oficial a finales de los 70, y que actualizaba la Vulgata, versión latina realizada por San Jerónimo en el siglo IV.

¿Dónde están los textos?
Para esta nueva versión en español, el grupo de investigadores de la Facultad de Teología de la UN decidió empezar el camino por el principio, buscando las versiones originales de los textos. Aunque no es tan sencillo. Como explica Juan Chapa, miembro del consejo de redacción de la Biblia de Navarra, “no queda ningún texto original tal como salió de la pluma de los autores”. Se conservan, únicamente, copias de esos originales, “algunas en soporte papiro, que era el material en el que se escribían los libros en la antigüedad, y otras, posteriores, en piel, en pergamino”.

Los papiros más antiguos, algunos del siglo I a.C. se conservan en Qumrán, en el Mar Muerto. Son textos pertenecientes al Antiguo Testamento escritos sobre todo en hebreo, aunque también los hay en arameo. Entre ellos se pueden encontrar, por ejemplo, dos versiones completas del libro de Isaías. El resto son fragmentos, algunos muy amplios, de los demás libros del Antiguo Testamento, salvo del de Ester.

En Qumrán, los papiros se guardan protegidos en vitrinas, por lo que los investigadores trabajan sobre ediciones críticas de esos textos, como las que edita Stuttgart Bibel Wissenschaft.

El nuevo Testamento
Pero eso es sólo el Antiguo Testamento. Las versiones que se conservan del Nuevo datan de fechas más cercanas a los hechos que narran. En la Biblioteca John Rylands de Manchester se conserva, por ejemplo, el llamado papiro Rylands, el más antiguo, varios fragmentos del Evangelio de San Juan, de una copia hecha en el 125 d.C. unos 30 o 40 años después del original.

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Además, se conservan manuscritos de otros fragmentos del Nuevo Testamento de los siglos II, III y IV. Todos los originales de esta parte que incluye el quinto tomo de la Biblia de Navarra están en griego, mientras que la mayoría de los textos del Antiguo Testamento están en hebreo, aunque también los hay en arameo y en griego.

Como querían partir de los papiros y pergaminos más cercanos a los originales, los investigadores de la UN se pusieron a aprender estas lenguas. Francisco Varo, miembro del consejo de redacción, incluso pasó siete veranos en Israel, donde han resucitado el hebreo después de que pasara muerto unos 1.800 años. “El hebreo que se habla ahora allí es parecido al bíblico. Empecé a estudiarlo, con el arameo, en la Universidad de Salamanca, pero allí se estudia como el latín: sirve para traducir, pero no da soltura. Por eso me fui a Israel. En arameo hay pocos capítulos, así que no ha habido mayor problema”. Si no, podría haber ido a Siria: el siríaco se parece al arameo bíblico.

Melones y sandías
Estas visitas, y haber hecho la compra en los mercados locales, le permitieron no cometer algún error que han ido heredando las sucesivas versiones de la Biblia en español. Hay un pasaje del libro de los Números en el que los israelitas se quejan a Moisés, que los está sacando de Egipto, por la comida: las ollas de pescado, los puerros, los ajos y las sandías. “Cuando lo estaba traduciendo —cuenta Varo— venía de haber pasado el verano allí, donde había estado haciendo la compra, por lo que no miré el diccionario y traduje sandías. En la revisión, me tacharon sandías y pusieron melones, porque todas las biblias ponen melones”. Sin embargo, al final dejaron sandías, que es lo correcto, lo que dan en el mercado al decir esa palabra hebrea.

Además de a la traducción, los investigadores dan importancia a los comentarios, más de 2.500 páginas manuscritas. La versión inglesa hecha con ellos ha vendido ya más de medio millón de copias en EEUU, Irlanda y Australia. Una versión a la altura de lo que, en la presentación de ayer, el catedrático emérito de Filología Clásica, Antonio Fontán, dijo que era “la obra literaria más importante de la Historia universal”.